De la recesión

Que feos tiempos. Recuerdo de niño que siempre hablaban de la crisis, la crisis por aqui, y por allá. Que si solidaridad y que si el precio pacto. Pero estaba entonces muy estúpido para comprender la plena realidad de la situación. De la CRISIS. Hoy, estamos de nuevo en plena recesión, la anunciaron tanto, que me daba la impresión de una promesa como tantas que hay, y esperaba aun sin saberlo a plena conciencia, que no fuera cierto. A veces pienso que es casi casi planeada, no se por qué. ¿Cómo puede preveerse una crisis pero no una bonanza?, mis conocimientos de economía no llegan a tanto, se el funcionamiento del mercado en su forma más básica, me imagino algunas razones y situaciones que provocan una crisis, pero tanto anuncio y tanto efecto me parece inverosímil. No se, como si fuera provocada. ¿A dónde fué todo el dinero?…

En fin. A todos nos afecta, aunque a algunos más que otros claro está. Muchos se benefician. Pero al final, creo que todos perdemos, porque mientras algunos obtienen beneficios pagamos un precio altisimo, la devaluación. Y no solamente de la moneda, de los valores, de la forma de vida, de las familias y hasta de la fé. No pretendo ser especialista ni mucho menos, todo lo contrario, soy bastante ignorante en cuanto a política, y economía, y relaciones internacionales y … bueno, un largo etcétera, pero no sé como que se me hacer “raro”.

Toda está reflexión viene porque hace un momento, aqui afuera de mi trabajo, vi pasar a un señor. Joven, con ropa promedio, con su mochila a cuestas y atrás de ella un cartel, grande, para ser visto, “NECESITO EMPLEO”. Tenía la mirada triste, y el caminar cansado, de esperanza y derrota, de incertidumbre, de miedo. Me dió una infinita tristeza. Podría ser yo.

¿A dónde vamos? No sé. Esperemos que esto no dure mucho y sobrepasar esta etapa. Esperemos que se estabilice la sitación, que ya no haya crisis. Aún y cuando tengo empleo (gracias a Dios), y mantengo mis necesidades básicas, es obvia la crisis, se nota en la capacidad adquisitiva, hay que cambiar de marcas, no puedes comprarte ropa, te limitas a tus necesidades primarias y cortas de trajo muchos extras, innecesarios para subsistir físicamente, pero a veces indispensables por salud mental.

Díficil. Duro. Desesperante.

Pero tengo fé.