El cuento de Jesus

Hoy me encontré con Lupita. Lupita es taxista y la conoci ya hace un tiempo. En una ocasión empezamos a platicar y me di cuenta de que es una persona solitaria, que lucha dia a dia por salir adelante, y que como tanta gente en esta ciudad, se siente sola aunque este rodeada de gente.

Hoy me platicó que hace unos dias, un dia en especial que de esos que tenemos todos, cuando sentimos que la vida nos debe y nada parecer hacernos sentir mejor, iba ella a su casa y sin saber porque se detuvo ante un muchacho. Le pidió que lo llevara a una iglesia y se dio cuenta que se veia muy pensativa, al verla asi le pregunto que le pasaba y ella le empezo a platicar que se sentia muy triste, que a veces sentia que Dios la habia abandonado. El le dijo, -mire, Dios no nos pone pruebas que no podamos superar, dejeme le cuento una historia.

…”un dia Juan le dijo a Jesús, Señor, estoy cansado, este pregrinaje y predicación son muy pesados, la gente no nos quiee y alguno nos apedrea por nuestras creencias, ¿por que son tan pesadas las pruebas que nos pone el Señor?.

-Mira Juan, le contestó Jesús, dejame llevarte a un lugar donde hay muchas piedras, representan las cargas que llevan los seres humanos. Te dejaré escoger la que tu quieras.

Juan se sintió agradecido y empezó a escoger entre las rocas. La mayoria eran muy grandes pero despues de mucho buscar encontró una pequeña y ligera. La cargó y la llevó ante Jesus.

-Maestro, encontré esta roca, ¿puede ser está la que cargue?

Jesús la vió y sonrió. Juan… Esa es la misma roca que traias.

Es muy cierto, Dios no nos pone pruebas que no podamos superar.

Y es muy reconfortante que existe gente como Lupita, que aun de conocerme solo como su cliente, se preocupa por mi y mis “rocas”.

Pensando…

Cuando pienso en todas las cosas que me he estado perdiendo por estar tan ocupado evadiendo el mundo, me asusto. Me pregunto si, cuando pasen los años y me de cuenta de todo lo que deje de hacer y de que ya no hay tiempo para hacerlo el reproche no sera muy fuerte. No sé tal vez el mismo nivel de conciencia que me aqueja sea lo peor de la desidia que me controla. Lo mismo sé que estoy desaprovechando los mejores años de mi vida, pero no tengo fuerzas para hacer nada que evite este camino. Estoy demasiado cansado para intentar cambiar de rumbo. A veces pienso que lo que sucede en realidad es que nada mejor me espera. Es la misma idea que tengo y por la cual no he querido intentar unir mi vida con la de nadie más. No quisiera arrastrar a nadie a la mediocridad de mi existencia. No quisiera oir reproches en bocas ajenas ni arruinar la vida de nadie más. Y mucho menos de un hijo por ejemplo. Porque seria ajeno al dolor que tengo. Por que no sabria por que su padre vive esta vida tan oscura y vacia. No es que ya haya renunciado a la felicidad de una vida familiar propia, solo es que no la busco y casi ni la espero. Creo que si esta en mi camino tarde o temprano una de las vueltas me encontrará con ella. Pero claro, yo con mi inmenso miedo siempre sigo recto. No me atrevo a asomarme en ninguna esquina temeroso de lo que pudiera encontrar. Quizá nada. Quizá todo, pero generalmente las sorpresas no me gustan y mucho menos los cambios.

Todo lo que me ha estado sucediendo últimamente es un ejemplo claro. Los cambios que he tenido que hacer son los que mas me asustan, pero finalmente uno termina por aceptarlos, por malos que sean. No es que me resigne, claro que no, bueno… si. Creo que las pruebas que DIOS nos manda son para aceptarlas y superarlas lo mejor que podamos. Tengo mucha fé. Se que las cosas saldrán bien, y que mañana será otro dia, solo que eso generalmente lo pienso en términos de los demás como si yo no contara. Me pregunto si escribir acerca de esto me ayudará. Asi lo espero.